En cuanto llegamos, Tina comenzó a revolotear por el club, olvidándose de los demás. La pareja, por su parte, comenzaron pronto los juegos, a los que me sumé sin dudar. Ella, de estatura normal, destaca por los notables pezones de sus pechos, de tamaño medio, un poco caídos.

Es simpática, sencilla y directa (a veces demasiado). Cuando se nos sumó una pareja (la mitad femenina encantadoramente breve), la dama me confesó que no le van las mujeres. De haber tenido una iglesia a mano hubiera pedido que repicaran las campanas. Por primera vez en siete años que me topo con una mujer que ni es bisexual ni bicuriosa. Milagro.

En algún momento aquello se convirtió en una cama redonda con una decena de personas. En tal batiburrillo de carne disfruté dejándome llevar (así fueron las agujetas de ayer) y haciendo de todo con todas.

Hasta mi parte sádica disfrutó cuando Tina, al irnos, se enteró de que se había perdido esa cama redonda, ella, que la había buscado tanto.