Es viernes. KM está de viaje (pero escribe para decirme que se acuerda de mí… antes viajaba pero no debía de acordarse de mí, porque no escribía para decírmelo; o se acordaba para adentro); Tina, por su parte, estaba indecisa sobre si ir hoy a un club liberal con otra pareja porque no tenía acompañante.

Yo, eternamente bocazas, despreocupado y sin el ápice de sentido común necesario para preguntar primero y opinar después, me lancé a la piscina de cabeza gritando “Geronimoooooooooooo!” con el resultado obvio. Me he mojado.

En fin, que iré con ella a mi club liberal odiado por excelencia.

¿Me he llamado bocazas? ¿Sí? Pues otra vez.