El viernes por la noche participé en una orgía con KM. Me saqué una espina, por así decirlo. Fue un fantasmagórico evento, excesivo, desmesurado, histriónico, con gente salida de algún texto perdido escrito a medias por Sade y Anaís Nin.

Pero quería estar ahí. Tenía que estar. Quería demostrarme algo, y de paso demostrárselo a un fantasma que me persigue desde abril y que ayer terminé por enterrar. Fue excesivo, fue absurdo, y agotado. Nos pasamos toda la noche disfrutando del placer que todos los sentidos nos podían prestar.

No volveré a hacer algo como eso. Fue un exceso, un descenso a los abismos que no puedo ni quiero permitirme. Pero lo disfruté hasta el extremo, hasta la náusea.

Hasta la resaca que me tuvo el domingo más cerca del Más Allá que del Más Acá.

Mañana tengo otra cita con ella. Y el martes otra aventura que ha preparado ella. Así me despediré del año.