Ayer, después de tres años de intentos varios, puede quedar para tomar un café con una mujer a la que tenía muchas ganas de poner cara y voz. Y mereció la pena la espera.

Fueron casi tres horas de charla, paseo incluido, que me encantaron. Sobre todo porque fui plenamente yo y ella plenamente ella. En fin, que hicimos un pleno (me encanta esta palabra; se llena la boca al pronunciarla). Me encantó toda ella, boina incluida. Fue una velada deliciosa.

Y besa muy bien.