La dama “del museo” parece estar desaparecida. En fin, ya dirá ella algo. F., la holandesa, me tiene encantado. Su sentido del humor es terriblemente juguetón y sensual.

Cuando hoy estábamos tomando el café me he dado cuenta de algo. Por un azar, el punto de reunión era esa cafetería mítica de mis amores, el Zurich, y me ha traído a la mente miles de recuerdos, en especial unos cuantos de la sensacional Dama de los Pies Fríos (Venus, cuídala mucho, por favor).

Estaba guapísima. Ojos azules, melena color miel, jersey negro entallado, falda marrón clara por debajo de la rodilla, medias de rejilla (tal vez no apropiadas para un día frío como hoy) y botas de caña alta.

Hemos hablado y hablado y hablado hasta que a los dos nos ha quedado claro que había feeling, momento tras el cual han comenzado el flirteo más o menos disimulado y al final ella, sonriendo, ha dejado meridianamente claro que quería más.

Esta misma tarde. La dama no gusta de perder el tiempo.