Ayer, como dije, fui con una dama a un club liberal de aquí, Libert. El comienzo fue caótico, así que lo omitiré. Mi naturaleza despistada hizo de las suyas.

Llegamos a las ocho, aproximadamente, porque ella hoy tenía que madrugar y no nos podíamos quedar hasta demasiado tarde. El local estaba algo vacío, como imaginaba. En el segundo piso encontramos un par de parejas en la zona de sofás, otra en los vestuarios (con los que coincidimos de nuevo al salir) y, una vez sin ropa y con toalla, nos paseamos a ver. En la gran sala, por lo que ví, había algo parecido a un alegre revoltijo, pero ella y yo seguimos para empezar por nuestra cuenta.

Me encantaron sus dos señoras tetazas, la verdad. Las sabía grandes, pero no tanto. Así que comenzaron los juegos. Primero ella a mí, luego yo a ella y después de eso le pedí que me montara, porque estaba que me subía por las paredes. Al cambiar luego y ponerse ella a cuatro entró una pareja algo madura. “Caramba, esto no lo habíamos visto todavía”, dijo él, lo que me hizo sospecha de inmediato que, o eran nuevos, o habían visto poco de todo. En fin, que nosotros seguimos y los otros se fueron al cabo de un rato. No daban mucho juego.

Al cabo de un rato (sin relojes aquello era una eternidad inaprensible), nos fuimos a la gran sala, donde sólo estaba una pareja. Las toallas estaban repartidas por todas partes (nota fea, el aire acondicionado brilló por su ausencia), y nos buscamos un rincón donde seguir con el placer. A nuestro lado se puso una parejita muy mona, treintaytantos (el culito de ella era fantástico), con la que intercambiamos caricias, mamadas y poco más. No hubo feeling. En esas entró otra pareja, el cincuentón con barriga, ella rubia con tetas operadas y buen tipo. Que cada uno piense lo que quiera.

Así que nos tumbamos a descansar mi acompañante y yo, cuando, de repente, noté que me acariciaban el pie. La rubia. Así que nos fuimos los dos con los recién llegados y cada uno se lió con la otra mitad de la otra pareja. La rubia, que resultó ser cubana, se encaprichó con mi polla. Al parecer, le fascinaba lo dura que la tengo cuando está erecta (la madre naturaleza es sabia), y se empeñó en que me corriera. Y pasó lo de siempre, que cuando se empeñan con eso, mi polla se rebela. Así que disfruté de lo lindo con la dama, que me dio un buen repaso, mientras mi acompañante comía y era devorada.

Así que tras todo esto, una charla relajante y una ducha (juro que me dieron las duchas tanta grima que tentado estuve en irme sin duchar y hacerlo en casa; otra cosa a mejorar que tiene el club), cada oveja se fue con su pareja y así terminó todo.

Me divertí mucho, para qué negarlo. Tendré que hacer un par de experimentos más, pero sospecho que con otra mujer. La dama de ayer me encantó, pero tiene una agenda muy problemática y yo no tengo tiempo para perder.

PD: no he dicho nada sobre cómo conocí a mi dama, lo sé.