Hace dos días descubrí que me habían escrito dos lectoras. Entablé inmediato contacto con las dos, disculpándome por la tardanza de mi respuesta y, desde entonces, me estoy maravillando con la diversidad humana que ambas representan.

Lo que me ha sorprendido ligeramente es como la primera de ellas, Beth, tras apenas unos intercambios, propuso quedar para tomar algo y conocernos en persona, cosa que haremos hoy. La veo muy decidida, pero tanta velocidad me ha pillado algo por sorpresa.

La segunda, Jane, me va tanteando. Creo que sabe lo que quiere, pero le da miedo admitirlo. Mientras se decide, me va estudiando y preguntando. He de reconocer que no tengo muy claro qué desea. A priori me ha dejado las cosas bastante claras, pero tiene cuestiones por resolver y, mientras no lo haga, sólo podemos conversar interminablemente sobre el imperativo categorico kantiano.