Ayer fui con Cris a mi club favorito, y, aunque no empezó bien, terminó de maravilla.

Conocimos a una pareja muy simpática con la que hubo buen feeling, mucho tonteo y diversión. Al rato una pareja algo pesada nos estropeó el buen rollo y, como yo tiendo a tomarme a mal las interrupciones en general y un poco más en este contexto, me empecé a sentir incómodo al poco rato. Pasó al rato, el buen rollo continuó, y cuando íbamos a meternos en un cuarto los cuatro, otros inoportunos hicieron ademán de “colarse” y eso me acabó de hartar. Además vi que Cris empezaba a inquietarse, lo que terminó con mi poca paciencia.

Por eso propuse irnos a otra parte. Simplemente me sentía bien estando allí.

En la terraza de una cafetería propuse irnos a un hotel y estuvimos escogiendo uno un buen rato. Por el camino pasamos por un club musical de la zona del puerto y por un bar de copas y llegamos allí a eso de la una de la mañana.

Y el resto fue una maravilla de besos, caricias, cuerpos desnudos y sexo. Esta mañana, mientras desayunábamos (por fases) en varias terrazas de la zona, me sentí reconciliado con este mundo oscuro. Que ya tocaba.