Tengo una creciente sensación de pánico corriendo por mi columna vertebral. A Pandora (en este caso llamarla de otro modo sería contraproducente) se le ha metido en la cabeza, por alguna razón que desconozco, que quiere tener un gang bang con siete hombres, siendo yo uno de ellos. Siete.

¿Por qué siete y no seis u ocho?

¿Siete?

¿Por los siete pecados capitales? ¿Por los siete días de la Creación? ¿Por las siete notas musicales? ¿Por los siete mares? ¿Por los siete brazos de la Menorá? ¿Por los siete sabios de Grecia? ¿Por las siete Maravillas del Mundo? ¿Por los siete enanos de Blancanieves? ¿Por los siete samuráis? ¿Por los siete años en el Tibet? ¿Por los siete magníficos? ¿Por las siete virtudes del Bushido? ¿Por las siete Bellas artes? ¿Por los siete cielos del islam? ¿Por las siete cabezas de la bestia del libro de las revelaciones? ¿Por las siete vueltas de los israelitas alrededor de las murallas de Jericó en el séptimo día? ¿Por los siete días de la creación? ¿Por los siete infantes de Lara? ¿Por los siete reinos de Poniente? ¿Por las siete esferas de Dragon Ball? ¿Por los siete Infiernos de la Divina comedia? ¿Por las siete plagas de Egipto?

Y ¿por qué yo?

Al menos a eso tengo respuesta. Quiere ponerme a prueba. Sabe, porque yo se lo he dicho, que los gang bangs me generan sentimientos contradictorios. Pues nada, terapia de choque, chaval. Otra partidaria de los hechos consumados. Por suerte tengo todavía frescos en la mente todos los consejos que me dio al respecto aquella mujer de cuyo nombre no puedo acordarme ni haciendo fuerzas siquiera. Y, además, tengo un cerebro que, de vez en cuando, tiene ideas geniales. Por último, de aquí al sábado falta toda una vida, así que me voy a limitar a dejar pasar el tiempo y a ponerme en forma para el evento.

Yo, haciendo ejercicio… Realmente, el fin del mundo se acerca.