Nos gusta quemarnos. Jugar con fuego es uno de los vicios clásicos del ser humano.

Anoche le tocó el turno a Pandora, la nueva Eloísa. Quiso poner celoso a Epimeteo y le salió el tiro por la culata. Hoy está bastante furiosa, obviamente.

A veces tengo la sospecha que el género humano tiene una extraña tendencia a ignorar o a no tener en cuenta que a toda causa le sigue, como mínimo, un efecto, diga lo que diga Hume.

Pandora infravaloró la inteligencia de su compañero de juegos y su capacidad de reacción, algo bastante impropio de ella. Y los errores se pagan.

Francamente, me tiene muy sorprendido.

Mientras, sigo sonriendo por cierto espectacular vista tras unas dunas…