No hay nada perfecto, ni siquiera la mujer perfecta.Prueba de ello es la fantástica dama que mencioné ayer. Hoy me ha sorprendido hasta el punto de causarme su comportamiento una profunda desazón y una cierta perplejidad que sólo su juventud justifica, aunque no del todo.

Creo que tengo que estudiarla más. A una saludable distancia. Me parece fascinante, deliciosa, encantadora, es cierto. Pero hay que ser prudente y sensato.