Esta mañana he tenido un baile de fechas en mi agenda que me ha provocado una profunda migraña y un mal humor considerable. Nada serio. La gang bang se mueve de día, sólo eso.

Así que para airearme y quitarme los malos vientos de encima, me he dado un paseo que me ha llevado hasta el barrio de mi infancia, donde, oh coincidencia, me he encontrado con la que fuera mi primer gran atontamiento enamoradizo. Y también el primer gran enamoramiento juvenil.

Nos ha producido una alegría enorme, tanta que hemos terminado en Sitges comiendo y charlando. Y ahí ha sido cuando me he dado cuenta de cómo me divierte perversamente hablar con una persona “clarita” (mi amiga, es decir, que no es liberal) y mantener mi lado “oscuro” al margen. Sobre todo cuando surge el tema de parejas y la curiosidad femenina se encamina por ciertas veredas que entremezclan recuerdo y demás.

Ha sido un reencuentro encantador y simpático. Por un momento me han entrado ganas de pervertirla peeeeeeeeeeeeeeeeeeero… no. Bastante liada tengo mi agenda, mis prioridades y mi vida como para añadir más leña al fuego.

Mientras tanto, me iré entreteniendo con un trío que E. ha organizado para esta noche y en el que tomará parte mi querido François, al que pienso dar una soberana colleja, amistosa por supuesto, por el lío de agenda que me organizó ayer. Total, para nada.

Estoy por presentarle a mi perversora, a ver si madura de una vez. Ah, mi perversora, ahora que me acuerdo… Te la dedico: ¡Jajajajajaja!

Gros bisous,
J.