Es curioso como placer y dolor están tan cercanos el uno del otro. A eso de las cinco de la mañana me desperté con considerables molestias físicas que me mantuvieron despierto hasta pasadas las seis.

Supongo que fue una especie de penitencia por el placer de la velada.

E. se superó anoche, lo reconozco. Me lo adelantó durante el café que tomamos juntos (nota mental: tocarle la fibra sensible de vez en cuando, se supera cuando está “motivada”), y, aunque me lo tomé con mi escepticismo habitual, me tengo que quitar el sombrero.

La dama invitada… era como tener un sueño hecho realidad. La versión “unicornio” de la mítica MILF. Absolutamente normal en apariencia, pero una vez en la cama… capaz de hacer saltar todo por los aires. Cuarenta y bastantes, bicuriosa, investigadora y a prueba de bombas. La única pega que puedo ponerla es que es un punto masoquista en su autocrítica, pero la parte positiva de esto es que no se pone demasiado pesada al respecto y cambia de tema en cuanto se le sugiere. Su mente abierta y curiosa es fascinante.

Tengo la ferviente sospecha de que las dos ya han “colaborado” en anteriores tríos, porque la coordinación y compenetración que observé fue realmente notable. Y si todo fue fruto del azar, me descubro. Me encantó verlas jugar entre ellas y como me hicieron participar en sus juegos y convertirme en su cómplice. Demostraron una inteligencia soberbia y un tacto y una sutilidad fuera de lo común.

En resumen, que fue una noche fantástica con las dos, con dos mujeres maravillosas capaces de todo, incluso de convertir la más trivial de las situaciones en una vivencia digna de las Mil y Una Noches.

Lo dicho, tengo que “motivar” más a E.

Gros bisous,
J.