Me gustan las tetas grandes de Lola, con esos tremendos rosetones que rodean y hacen los coros a sus suaves pezones, porque en ellas se encuentra la flor de la vida.

Me gustan las tetas maduras y un poco caídas de E., con esas pecas que marcan a mi lengua el camino hacia sus sensibles pezones, porque en ellas se encuentra la experiencia de la vida.

Me gustan las tetas de Maman, grandes, pesadas, majestáticas, que cuelgan despreocupadas, arrogantes y victorias sobre el tiempo y el deseo, porque en ellas se define el horizonte de la vida.

Me gustan las tetas pequeñas, suaves y redonditas de N., con ese valle que las separa y hace desesperar que lengua alguna pueda recorrerlas en toda su extensión, porque en ellas se define la libertad de los sentimientos.

Gros bisous,
J.