Ayer estuve con las tres mujeres principales de mi vida oscura. Primero, como ya escribí, tuve un delicioso encuentro con Lola que todavía me arranca grandes sonrisas. El cariño, el placer, la ternura, el goce y todo lo que ella me aporta hacen que mi joven dama sea esencial para mí. Es irreemplazable.

Luego, estuve con esa Diosa que es mi Dama de los Pies Fríos, que me hizo darme cuenta de lo mucho que tengo que mejorar todavía… sin apercibirnos de ello ninguno de los dos. Espero poder devolverle pronto el regalo que me hizo. Mi Dama es única, más incluso de lo que ella se piensa, más de lo que yo intuyo.

Y por último mi locura, OM, que se deslizó desde su jaula para compartir conmigo unas breves horas de pasión antes de regresar a su lecho. Tengo los ojos llenos de la suave curva que su cuerpo traza al acostarse sobre su costado, y en mis labios late el recuerdo del sabor de sus pezones. Ni ella misma sabe cuánto la deseo, ni que es capaz de borrar de mi cuerpo el cansancio. Quizás yo tampoco.

Teniéndoles a ellas, no necesito más. Y, sin embargo, en un par de horas me veré con una antigua conocida, no tanto para recordar viejos tiempos como para explorar futuros vericuetos. Ella es parte de esa búsqueda de algo que no se nombrar, que tal vez no exista ni ha existido jamás, esta exploración que llevaré a cabo con los ojos puestos en ellas tres, pues son mi base, cada una a su manera, y en ellas radican mis esperanzas de ser yo.

Gros bisous,
J.