La primera clase ha ido de maravilla, pero me ha sabido a poco. Eso sí, la “seño” ha quedado muy contenta con mi progreso y me ha recompensado con un largo y mimoso polvazo.

Me vuelve loco su cuerpazo, su juventud y sus ganas, pero lo que me conquista es esa ternura con la que me trata, ese cariño que derrama como una lluvia sobre mí y a la que yo correspondo con todas mis ganas. Más que una amante o una amiga, Lola es un delicioso compendio de todo ello y más. Está despertando en mí ese lado que yo deseaba sacar a la luz y eso se va a notar en nuestros futuros encuentros.

Hoy simplemente era cuestión de aprender, poner en práctica la sabiduría aprendida y luego compensarnos mútuamente con mimos y caricias. Nos hemos dado sendos masajes, luego multitud de caricias y finalmente, cuando ella me espetado “fóllame”, lo he hecho sin dudar.

Abierta de piernas en el borde de la cama la he penetrado mientras ella se mordía los labios y se agarraba los pechos para ofrecérmelos. Ha sido premonitorio, porque es donde he terminado por correrme. Me ha producido un placer indescriptible ver como mi semen se deslizaba por su seno izquierdo e iba bajando hasta su vientre y su cadera. Así que le he juntado esas bellas tetas con mis manos y, tras colocar en medio mi polla, que seguía dura, se las he follado sin dejar de mirarle a los ojos, hasta que ella me ha exigido que me dejara comer. Y así he hecho, fascinado por su mirada.

Me encanta como sonríe mientras se relame los dedos, me encanta esa sonrisa de vicio puro.

Gros bisous,
J.