Anoche recibí una sensual propuesta de Madame E. que me hizo olvidar del dulce cansancio que tenía tras disfrutar junto a Lola. No dudé, no había lugar para ello. La dama merece cualquier esfuerzo.

Así que poco antes de la medianoche estaba en su casa. La recepción fue espléndida. Tras un largo beso después de cerrar la puerta me ronroneó “así que has follado… mmmm…”. Y yo, que me había quedado con las ganas de esnifar a mi recién follada Dama de los Pies Fríos, hundí mi cara en su cuello y aspiré su aroma… para luego darle un suave mordisco y decirle:

-Cabrona, me vas a matar de las ganas que te tengo.

Su sonrisa fue deliciosa. Así que nos fuimos directamente a la cama, donde yo usé una parte nada desdeñable de mis reservas de energía. En el primer descanso, hacia la una, estuvimos hablando, intercambiando secretos de alcoba, disfrutando los dos de saber el placer que habíamos gozado y poniéndonos cachondísimos con ese conocimiento. Obviamente, el polvazo siguiente fue muy morboso y los dos nos quedamos satisfechos, un poco sudorosos y presas de unas deliciosas carcajadas.

Tocando las muchas de la madrugada, ella propuso que dejáramos algo para la mañana siguiente y que nos fuéramos a dormir. Cuando hice ademán de levantarme para vestirme e irme, me cogió de la mano y me preguntó: “¿Cómo vas a follarme mañana si no estás aquí?”. Creo que mi sonrisa fue la mejor respuesta.

-Dicen que ronco un poco – fue mi advertencia.
-Dicen que soy muy buena asfixiando con una almohada – fue la suya.

Así nos dormimos, bromeando y con pequeños mimos mutuos, caricias y algún mordisco a un pezón despistado.

Gros bisous,
J.