La cena de a tres de anoche fue una de esas deliciosas banalidades que tanto disfruto. Tres personas sentadas a la misma mesa hablando de todo y pasándolo bien. La única parte que no resultó demasiado placentera fue cuando saltó a la palestra la cuestión política. Yo, francamente, prefiero dejar ese tema para otros lugares. El futbol y la política sólo sirven para aumentar disgustos y perder amistades. El sexo y las cuestiones liberales brillaron por su ausencia, pues sólo aparecieron un breve momento, casi un chispazo, antes de pasar a otros menesteres.

La dama “superliberal” me cayó muy bien. Es muy humana, terrenal, sensata y divertida. Lo único que le falta para la perfección es tener los pies fríos y que le guste el sexo anal, dos cuestiones que, al punto, me resultan totalmente desconocidos. Me comentó, por cierto, que por recomendación de mi anglocabrona favorita, me lee, así que aprovecho para decirle

-¡Hola!

En fin, espero que no le asusten mis divagaciones. Si me tuvo delante, en mis carnes mortales, y no salió corriendo, sospecho que este diario poco privado no le supondrá problema alguno.

Gros bisous,
J.