Hoy tengo una cita y mucho que contar.

Ayer pasé una velada fantástica, de las mejores, si es que no fue la mejor, que he tenido con mi adorada Dama de los Pies Fríos. Esa conexión mágica que nos une alcanzó cotas olímpicas ayer, sobre todo a partir de una epifanía que tuve y que comenzó con unn visión de ella y yo frente a la iglesia de St. Julien le Pavre y que culminó cuando me visitió en esa ensoñación mio madre, que en paz descanse. No se si fue un momento que yo cree más o menos conscientemente, pero aún conservo la sonrisa que me produjo ese evento.

A partir de ahí ella y yo hablamos y hablamos, perfeccionando ese lazo tan dificil de explicar que nos une y hace que nos complementemos de esa manera tan mágica, cuando nos sobran los cuerpos y nos liberamos de la carne y, así, desprovistos de nuestras túnicas de piel, nuestras almas dialogan casi labio a labio.

Con ella crezco, con ella encuentro respuestas a preguntas que permanecían flotando en mi mente, con ella otras se quedan igual, sin respuesta, y también me crea algunos enigmas. Con ella veo lo que he avanzado y todo lo qeu me queda por hacer. Y se, porque ella me lo dice, que yo también le aporto. Y, por eso, ronroneo intensamente de placer. Yo soy vagamente consciente de que le hago bien, pero que me aspen si se como.

Lo que sí se es que a veces me saca un lado paternal muy curioso en mí y me lleva a darle consejos e, incluso, a decirle que no haga X (para perplejidad suya, que ya está crecidita para que le digan lo que tiene que hacer, y para la mía, que yo maldita sea la gana que tengo de hacer de tutor de nadie)

Gros bisous,
J.