La turista francesa está empeñada en que pruebe el láudano con ella. La sustancia “cura-todo” de Paracelso. Le he dicho que no. Creo que ha sido el “no” más rápido que he dado en toda mi vida.

La dama ha conseguido (no tengo ni idea de cómo) una mezcla que, a primera vista, parece una receta de comida digna del mejor gourmet: opio de Esmirna, azafrán cortado, canela de Ceilán y clavo. Esta mezcla se macera en vino de Málaga durante quince días y, voilà, láudano listo (por lo que leí en su día sobre las drogas victorianas, esta receta es la de un tal Syndehman o Sydenham, no recuerdo). Según ella, el resultado es ideal.

Le he dicho que no, sin titubear ni medias tintas.

Sospecho que voy a verla poco en lo que le queda de estancia aquí. No me apetece tenerla cerca.

Gros bisous,
J.