Al final los famosos imponderables del destino y la impredecible naturaleza humana anularon la fiesta parisina antes incluso de ponerme a hacer las maletas. A cambio, tuve una salida nocturna muy placentera que me ha dejado una resaca fantástica que no se ha disipado hasta la hora del té. Y, de paso, cumplí en dicha salida uno de mis deseos pendientes en unos de mis lugares favoritas, así que no me puedo quejar. Eso sí, no pienso repetir el experimento sino a una escala más reducida.

En París se están reajustando tras los sucedido ayer y Maman ha comenzado a organizar ella la próxima fiesta, ajustado la lista de invitados y escogiendo el lugar con más cuidado que si fuera a participar en ella toda la realeza europea.

Mientras, estoy reflexionando sobre el peculiar encuentro de ayer por la tarde con mi “pupila” francesa. Como se había anulado la fiesta, ella y yo salimos a dar un paseo y tomar algo, y así mantener la conversación que teníamos pendiente desde su llegada. Tengo la sensación de que la dama juega conmigo como un gato con un ratón, lo que extrema mi prudencia. No acabo de entender qué quiere ni qué hace aquí y, por supuesto, me pregunto qué es lo que Maman espera exactamente de mí en este caso.

A ver si mañana tengo la oportunida de ver a Anonyma

Gros bisous,
J.