Follar con Lady C es un ejercicio gimnástico que pone a prueba mi físico y mi psique. Por su juventud y sus ganas, follar con ella es una proeza. Ni siquiera mi sevillana me pone en tal brete. Por eso se me ha ocurrido una idea: proponerle un trío con otro hombre (y de paso satisfacer uno de los planes de Maman). Si eso no basta, le monto un gangbang (Mon père, P, JP y yo como equipo inicial). Si eso tampoco, contactaré con el cuerpo de bomberos.

La dama es incansable, y ese es el problema. Quiere, quiere y quiere, por lo que hay que darle, darle y darle. Como su demanda es tan exagerada, termino agotado, y necesito un tiempo para recuperarme. Claro, pasan los días hasta que vuelvo a tener fuerzas pero en ese intervalo de tiempo a la dama le han aumentado las ganas de manera exponencial. Así que vuelta a empezar, está loca por correrse. Y eso requiere un gran esfuerzo por las capacidades gimnásticas de la dama. Asímismo, follarla requiere una gran concentración, porque la dama puede llegar a distraer y distraerse con gran facilidad por cien mil razones, todas ellas absurdas.

Quiere, quiere y quiere, y no se para a degustar lo que está disfrutando. Eso ha quedado claro cuando, tras el primer asalto (una hora de martilleo contínuo que casi me despelleja la polla), he tenido que ponerme serio y mandar un poco. Nada de quid pro quo, sino “calla YA, coññññño!”. Sus ojazos, abiertos como su boca por la sorpresa, parecían dos platos. Pero juro que necesitaba decirle eso. Y que se callara de una puñetera vez más todavía. Casi más que follarla. Bueno, no tanto.

Le he follado el culo hasta que la almohada ha quedado convertida en un guiñapo por sus manotazos, mordiscos y cabezazos (¿he dicho que la dama es escandalosa, además de agotadora?) y con sus nalgas coloradas por los manotazos que se ha ganado. Simplemente, lo he tenido que hacer. Me lo pedía el cuerpo, el cerebro y las manos. Todo ha comenzado como un asalto más, ella a cuatro patas, provocadora, tocahuevos y capaz de desesperar a un santo, así que, le he pegado un azote con verdaderas ganas y muy mala baba (las hostias con furia son las mejores) seguido de un tirón de pelos. Le he susurrado al oído: “ahora te voy a follar a mí manera de una puta vez, así que ya te puedes dejar de gilipolleces ahora mismo” y he pasado al ataque. Al final, ella ha quedado espatarrada en la cama por mis movimientos de pistón, el maquillaje corrido, la garganta aspera de tanto gritar, la almohada dando pena, su ano pidiendo misericordia, mi polla, felizmente corrida, descansando en su culo y mi mejilla en su hombro. Sí, he quedado agotado, pero, joder, a mi manera. Admito que, para asegurarme de que si se ponía a desbarrar yo no sufriría el embate, y también por pura maldad, he tenido un buen rato su cara apretada contra la almohada, y eso me ha resultado muy placentero. Me ha dado una idea para otro encuentro…

Pero lo mejor es ver como ha quedado su culo… me ha recordado a alguien. Y eso que no le he hecho ninguna cerdada a la dama.

Creo que ha sido la vez en la que me han llamado cabrón más veces por segundo. Y yo tan feliz y tan corrido.

Gros bisous
J.