Ayer mientras me enfrentaba a un error reciente gracias al empuje dado por mi Dama de los Pies Fríos, dije algo que también estaba equivocado. Al enfrentarme a dicho error, yo dije “no entiendo qué pasó, yo no soy así”, y es mentira, sí que lo entiendo y sí soy asi también. Cuando surge una parte de nosotros que no nos gusta, que no se corresponde al modelo idealizado que tenemos de nosotros mismos, decimos “no soy así”. Pero lo somos. Nada que surge de nuestros labios aparece de repente del vacío y retorna a él, dejándonos otra vez prístinos y puros. Somos así, buenos y malos, generosos y egoístas, honestos y mezquinos. Sólo la vergüenza nos impide reconocerlo. La vergüenza a admitir que, de vez en cuando, por X motivos, no somos todo lo “geniales” que nos creemos que somos.

Ese “yo no soy así” es el postrero esfuerzo, la última mentira que soltamos con la vana esperanza de justificarnos y engañar a la otra persona sobre los verdaderos motivos pero, sobre todo, mentirnos a nosotros para calmar nuestra conciencia. Pero somos así. Soy así. La clave está en no comportarse de esa manera y dejar que predomine la mejor parte de vosotros. Y cuando sale lo peor, por el motivo que sea, asumirlo y reparar lo reparable, continuar con la vida y no masacrarse pensando “hala, lo que he hecho”. Porque toda reacción es un síntoma. Y hay cosas que no deseo ni necesito saber.

No soy tan bueno como creo ni tan poco tan malo. Soy yo.

Paso hoja.

Esta tarde será mi encuentro con Anonyma. Tenemos dos horas para los dos que pensamos aprovechar al máximo. Tengo una sed desmedida que quiero saciar en ella, pero también quiero seguir completando huecos y comprenderla más para poder tratarla mejor y ofrecerle más de mí. Me intriga su relación de pareja. No es asunto mío, pero eso configura nuestra relación, así que debo clarificarla. No tengo más planes para hoy y para ella que pasarlo y hacerlo pasar bien. El placer ante todo.

Gros bisous,
J.