Me gusta este cansancio que tengo. Me encanta. He estado con ella y ha sido maravilloso. El lugar de encuentro estaba relativamente cerca del aeropuerto y no hemos perdido nada de tiempo. El tráfico ha sido ligero y hemos llegado en un pis pas. Cumplido el trámite del registro, nos hemos empezado a meter mano en el mismo ascensor, y hemos llegado a la habitación y con la camisa medio desabrochada y ella casi con la faldita por bufanda.

Una vez cerrada la puerta nos hemos apretado contra la pared para besarnos. Tanto tiempo sin vernos desata el hambre de manera extraordinaria, así que ahí mismo, con la faldita levantada, le he apartado el tanga a un lado y me he comido su babeante rajita, aunque me he terminado el menú en la cama, donde ella me ha comido, a su vez. Estaba tan salido, tan caliente, que le he pedido que se apartara porque me iba a correr ipso facto. Ella no quería, y a base de ir lenta y maliciosa, ha terminado por lograr que me corriera en su cara, para goce de ambos.

Eso ha rebajado las ansias y nos hemos vuelto a dedicar a los mimos y las caricias, tras lo cual la dama, con una mirada tierna y su sonrisa más dulce, me espeta “y ahora me follas el culo… por favor”. ¿Cómo decirle que no a ese culo y a esta maravillosa mujer? Y encima lo pide por favor. Así que se lo he follado. Es su culo un paraje fascinante que no me canso de hollar.

Mi polla ha ido de su boca a su coño y de su coño a su culo, su coño de mi boca a mis dedos, y de mis dedos a mi polla, mi boca de su coño a sus tetas, de sus tetas a su ombligo, de su ombligo a su boca y de su boca a sus tetas, y su boca de mi polla a mi boca, de mi boca a mis manos y vuelta a empezar. Nuestras bocas se han encontrado una y otra vez hasta que la cama se ha convertido en una piscina por tantos fluidos que la empapaban. Con ella todos los milagros son posibles y cada follada ha sido una corrida por mi parte. Ella se ha corrido tres veces por cada suspiro mío, ha sido portentoso.

Hemos follado en la cama, en el pasillo, encima de la mesa, en la ducha, en todas partes menos en el balcón. Tras las tres primeras horas, hacia le mediodía hemos hecho una pausa. Hemos charlado, comido un poco y vuelto a los mimos, lo que nos ha devuelto a la cama casi de inmediato siguiendo la “rutina” ya descrita.

Con ella no existe el cansancio ni el aburrimiento. Con ella la excitación no decae y el lujuria arde sin quemarse. Con ella, el imposible sólo es algo que puede tardar cinco minutos en pasar.

Hacia las dos hemos tenido que reposar otra vez. Hemos ido a comer a un bar cercano donde me he empapado, literalmente, del ambiente sevillano (37º entonces, hemos llegado a estar a 41º), de manera que el aire acondicionado del hotel ha sido un bálsamo. Allí hemos seguido jugando, follando, mimádonos y hablando, llegando al frenesí, así que, embriagado de ella, le he propuesto que nos fugáramos los dos, que mandáramos al mundo a la mierda y, con sus tetas por montera y mis huevos por escudo, nos escapáramos para no volver. Nos hemos mirado largamente, ella con una gran sorpresa en los ojos, que ha crecido cuando se lo he repetido, absolutamente en serio, sin reírme, con mi voz firme y serena (me sorprende lo serio que me he puesto).

No, esta vez no nos fugaremos. Pero la próxima sí. O la siguiente. Y si no es ninguna de esas, la secuestro. Se lo he jurado entre risas suyas y erecciones mías.

Al final, cuando ha llegado la hora de irme, duchados ambos, frescos, la idea de salir al calor de la calle nos ha derretido, pero, haciendo un esfuerzo heroico, hemos ido al aeropuerto… donde hemos follado en el WC se señoras. Por el culo.

ESTOY LOCO POR ELLA.

Gros bisous,
J.