Tengo la sensación de que sólo controlo parte de mi vida. Por suerte, es la que más me interesa. El resto… fluye en una dirección que me puedo imaginar y a veces hasta aprobar incluso.

He tenido una extraña, larga y confusa charla esta mañana con Blanca. Uno de sus amantes de “confianza” (sutil manera de decirme ‘o sea, lo que tú no eres’) le está organizando una gangbang (luego a ver si me acuerdo de comentar algo al respecto) y, “a pesar de que no te lo mereces”, la dama ha pensado en incluirme en el evento. Creo que mi respuesta (preñada de sarcasmo) no le ha gustado un pelo.

-Gracias por el honor, pero no creo yo merezca una plaza y eso deje fuera a alguien más digno que yo de gozar de ese privilegio.

“¿Me estás diciendo que no?”, me ha replicado, llena de sorpresa.

La dama es de reflejos mentales rápidos, parece ser. Exacto, le he dicho. No me apetece. Blanca no se lo ha tomado especialmente bien, de manera que he optado por ignorar tanto la conversación como a la dama. Tal vez una temporada de descanso le venga como anillo al dedo. Vamos a dejar que repose, a ver si este vinagre se convierte en vino por un azar venturoso.

Ah, la gangbang, me olvidaba. Parece ser que ahora se está poniendo de moda. Como el BDSM, el swinger-style, los tríos, etc. Eso me llena de aburrimiento (la gente es tan voluble, tan superficial, tan envidiosa, tan previsible a veces) y diversión, porque demuestran que Nietzsche tenía su parte de razón con el Eterno Retorno y a mi abuelo con su “Cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba y el tonto sigue”. Bueno, como de costumbre, una pequeña minoría aprenderá algo y el resto pasará de largo en pos de otros momentos en los que descargar adrenalina y frustraciones. Mientras no molesten…

Gros bisous,
J.