Anonyma y yo hemos tenido el miniencuentro prometido. Ha sido breve, pero intenso, como dice el tópico. Nos hemos encontrado en la cafetería y en la misma puerta ya nos hemos abrazado y comido a besos. Una vez dentro, la horchata que hemos pedido (mentes gemelas) se ha puesto a hervir cuando hemos tocado los vasos con nuestras manos. Dos o tres frases y hemos vuelto a los mimos en los que se disfrazaba el deseo, pero no había tiempo para lo que los dos ansíabamos.

Ella ha tenido una idea. Darnos un capricho, cometer una pequeña tontería. A ella le apetecía hacerme un cubana porque quería ver mi cara de morbo. Creo que ha tardado treinta segundos en coneguirlo, porque en cuanto me lo ha propuesto se me han disparado todas las hormonas y el rubor que ha cubierto mi cara de rojo ardor era de eso, ardor, no de rubor. Pero, obviamente, en mitad de la cafetería no era el lugar aporpiado par atal menester… Y claro, el parque cercano… tampoco.

Pero… dada la hora… y lo vacío del lugar… y la sombrita… y la brisa… en fin, qué demonios!!!!

Así que, ni cortos ni perezosos, acabamos nuestras respectivas bebidas, pagamos y slaimos con la mayor prisa y la mejor discrección hacia el parque, que no era tal, sino una pequeña glorieta… con un hermoso rincón rodeado de setos altos, árboles y verdor por todas partes. La sonrisa dea mbos al ver el lugar, recatadito y alejado de miradas indiscretas nos provocó una gloriosa sonrisa y diversos endurecimientos y humedades varias.

Sentados en la hiuerba, hemos retozado como dos cachorros salidos, hasta que ella, senos fuera, mis manos ocupados en acariciarlos, ha comenzado a chuparmela, para luego, llegado el momento de ebullición correcto, se colocó el miembro entre sus dos redondas majestades, procediendo entoncse a esa deliciosa tortura, hasta que, próximo a estallar yo, ha dejado ir a los pecho y se ha metido todo mi miembro en la boca, tragándose hasta la última gota sin separar sus ojos de los asombrados míos.

Llegados a ese punto, con un servidor habiendo perdido el sedal del hilo conductor y mirándola asombrado, Anonyma se ha limitado a estirarme gatunamente sobre mí, estamparme un beso en los labios y, tras guiñarme un ojo, decirme “ya sabes lo que esto significa?”.

Y tanto que lo se, joder. La he mirado a sus limpios ojazos y, sonriendo como un bendito he exclamado “sí”.

Gros bisous,
J.