Mi encuentro con Blanca fue un agradable aperitivo, un intersante ensayo para futuros eventos que me permitió aprender más detalles sobre mí. Blanca es un dama a la que, si se le da juego, tiene un gran potencial. Hay que pulir algunas aristas, pero por lo demás, es un diamante en bruto. Me gusta su cuerpo. Recordarlo me provoca querr volver a verla, porque me asalta una duda. ¿Me juega la memoria una mala pasada o sus pezones son extraodinarios? Tendré que comprobarlo, en resumen. De su culo no recuerdo nada, salvo que necseita entrenamiento para ser penetrado. Mucho entrenamiento. Su cuerpo es un enigma para mi memoria de pubis par aarriba.

Luego estuve tomando un café con Anonyma y hablamos y hablamos y hablamos. Como con mi Dama de los Pies Fríos, las horas vuelan cuando estamos juntos. Son dos bellas gatas, lánguidas en unos momentos, activas en otros, y yo me pasaría las horas acariciando sus respectivas orejitas (¿dónde puse el bromuro?).

Anonyma sabe que tiene un gran peso en mi vida ahora mismo, y me gusta que lo sepa. Me gusta que sepa lo que la deseo, los escalofríos que me recorren la columna vertebral cuando escucho su voz. Me gusta que lo sepa todo. Y ella me corresponde con total franqueza. Esta semana nos vamos a poder ver menos por problemas de su agenda, pero tendremos algún momento para solazarnos en cualquier terraza de esta enorme ciudad. Y si podemos escaparnos para estar a solas, desnudos, y lejos del mundo, lo haremos.

Gros bisous,
J.