¡Me he puesto celoso! ¡YO, MALDITA SEA, YO!

Anoynma me ha comentado que hoy tiene un compromiso y me ha sentado fatal no poder ser yo la mitad de ese encuentro ¡Yo, sintiendo celos, esa bajeza, esa indignidad, esa inseguridad, yo! Por el amor de Venus, eso no es posible, no puede ser, no es propio de mí. Por favor, yo, sintiendo celos… No puede ser, no tengo ni motivos ni la mente de un crío para justificar semejante momento de infantil pataleta. Cualquier otro es posible que lo sienta, pero yo no. Mis instintos están los suficientemente entrenados para que eso no sea posible.

Soy yo, por Afrodita, que llevo demasiado en esto para ponerme así.

Y sin embargo, me he puesto celoso. Envidioso de no poder estar con ella. Envidoso del que vaya a hacerle pasar una maravillosa velada. ¿Por el amor de Venus, cómo cojones voy a sentir yo eso? ¡Es imposible! Y sin embargo, me he puesto celoso. Toca examinar cómo ha sido posible semejante error.

¿Que ella tiene un compromiso? Vale, muy bien. Que lo disfrute, como digo siempre. Tiene su vida propia, como la tengo yo, y los dos tenemos nuestros respectivos mundos interiores ¿Va a ponerse ella celosa o envidiosa cuando me escape pronto a París? Por supuesto que no, lo dudo mucho. Ella tiene sus cosas, yo las mías. Todo normal.

Estoy envidioso porque me gustaría estar con ella. Pues eso, estoy envidoso, no celoso. O las dos cosas.

Mierda. Que desagradable es todo esto.

Gros bisous
J.