Al final, gracias a un capricho del destino, he reducido mis dos citas de hoy a una esta noche… y a otra de madrugada. Soy un genio con una flor en el culo del tamaño del Central Park neoyorkino.

Lady Desconocida ha quedado para cenar conmigo esta noche. Por desgracia, tiene que marcharse antes de la medianoche, cual Cenicienta liberal, pues tiene compromisos que atender… lo que le hace sentirse en deuda conmigo, para mi gran goce. En fin, ya “saldaremos” esta “deuda” en otra ocasión. Y como a partir de entonces estoy libre, Anonyma y yo podremos nocturnear juntos… cuando ella quede libre de un compromiso que tiene. Ayer ví (fotos mediante) los nuevos modelitos que se ha comprado y me encanta el culito que le hacen los pntalones. Si tuviera que elegir entre el suyo y el de Dama de los Pies Fríos tendría graves problemas para decidirme durante al menos dos segundos. Pasado este intervalo, me lo montaría con las dos. Para qué narices elegir…

Le he puesto deberes a Lady C: tiene que leerse “El Príncipe Feliz”, de Oscar Wilde. Como soy perverso, le he regalado los cuentos completos de mi autor irlandés favorito. Me tienta hacer que lea De Profundis, pero sería pedir demasiado. Poco a poco, sin prisas.

Como el sexo anal, no hay que forzar la entrada.

Gros bisous,
J.