Las ansias sexuales de Lady C me tienen fascinado. Si fuera por ella, entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde habríamos follado cinco veces, la primera a los diez minutos de llegar ella. Y estoy considerando seriamente una posibilidad. Dado que mi jornada laboral durante esta y las próximas tres semanas va a dejarme sin casi tiempo libre para mis hobbies… ¿sería incorrecto aprovechar los tiempos muertos entre un lío laboral y el siguiente para quitarnos las ganas a polvazo limpio?

La pregunta es meramente retórica, porque ya he decidido que no, no es incorrecto. Así ella deja de estar inquieta y yo me relajo un poco. Quid pro quo. Por eso a las dos hemos terminado follando hasta casi romper la silla de mi escritorio. Visto el ritmo que llevo de romper y averiar lo que toco, mejor me hago un seguro anti-accidentes.

Es curioso, como digo, el frenesí sexual que la domina, porque me ha dejado completamente dolorido a base de galoparme. Sus morreos, que no besos, casi me arrancan los labios (“es que tu carita de Harry Potter me pone muy perra”, me ha gemido entre empalada y empalada). Mientras se ponía los vaqueros en su sitio y se relamía, me ha disparado “Joder, pues me sigue apeteciendo”. Estoy por clonarme y, mientras mi replicante se gana mi sueldo, dedicarme a darle placer a esta locuela.

Voy a sondearla (no va con segundas) para ver si le encuentro una voluntaria a Anonyma, que, muy pizpireta, dice haber encontrado ya dos voluntarias, tres con ella, tal vez cuatro con Lady C. El problema, una vez más, son los horarios. Mientras tanto, es posible que este viernes tenga dos encuentros casi seguidos. A ver si consigo evitar la saturación…

Mi agenda, como puedes ver, querido diario, sigue siendo tan absurda como siempre.

Gros bisous,
J.