La vorágine del día me tiene atrapado, pero no es del tipo que yo disfrutaría con gozo. Así es la vida a veces.

A., mi querida A., me confiesa desesperada que no se acaba de aclimatar a la Ciudad Condal. Justo ahora, cuando tengo menos tiempo libre que de costumbre. Así que lo que el Destino enreda, mis neuronas desenredan y hoy quedaremos para comer, a ver si puedo animarla un poco. Y s ver si ella me sube los humores, porque llevo una mañana de PUTA PENA, JODER.

He dicho.

Digamos que el Universo y yo hoy no estamos excesivamente en línea y nuestros respectivos planes divergen un poco hasta llegar a exasperarme ligeramente, hasta llegar a ese punto en el que me gustaría coger un impermeable y una hacha y ponerme a repartir amor a lo Patrick Bateman. Bromas aparte, he tenido una mañana movida.

Tengo ganas de ver a A. y estar con ella para hablar largo y tendido. Hasta ahora nuestros encuentros se han limitado a apresurados instantes para tomar un café y salir corriendo los dos. Curiosamente, aunque noto las habituales cosquillas de la excitación que todo encuentro me ocasiona, mi deseo sexual está algo adormecido, posiblemente debido a esta ola de calor que se ha dedicado a freírnos las neuronas últimamente.

Ah. Ayer, por cierto, la Loba salió de mi vida y de mi agenda. C’est la vie.

Gros bisous,
J.