Lo que son las cosas. Yo lamentándome de mi aburrida jornada, de la ausencia de ganas y del aburrimiento general y va Lady C. y me soluciona la papeleta de la manera más placentera posible.

Como los dos estamos más solos que de costumbre y más cerca de lo que las normas de seguridad y la sensatez requieren, y siendo yo fiel a mis principios y ella a los suyos, las coñas marineras y las bromas subidas de tono vuelan como dagas en ambas direcciones, hasta que ella, que hoy parece poseída por el espíritu de Olivia Newton John, ha subido las apuestas y comenzando a lanzar indirectas de grueso calibre hasta que todo ha derivado en un diálogo para besugos salidos.

Ella: Joder (varios expletivos de alto calibre siguen), qué ganas tengo de que me follen…
Yo: ¿Y cuando no tienes tú ganas, tesoro?
Ella: … de que me den bien duro hasta que me revienten…
Yo: Dime algo que NO sepa…
Ella: YOOOOOO siempre tengo ganas […] pero tengo los bajos revueltos.

Tras esta curiosa referencia a los posibles problemas de sus partes íntimas (conociéndola, podía estar refiriéndose a la regla o a problemas gástricos), viendo yo la desolada extensión del vacío humano que nos rodeaba, quise señálarselo de la manera más sencilla posible.

Yo: Estamos solos…
Ella: ¿Y?
Yo (señalando a nuestro alrededor): Que no hay nadie más que tú y yo aquí…
Ella: ¿Y?
Yo (hablando muy despacio y enfatizando las palabras): No-hay-NADIE-aquí.
Ella: ¿Y?
Yo (medio riendo, medio exasperado, pantalones abajo, polla fuera de su envoltorio de regalo): ¡¡¡Que te quites los pantalones y las bragas y te pongas a cuatro en el sofá, hostia ya!!!
Ella: ¡Olé! ¡Eso mola!

Con Lady C el sexo es de todo menos aburrido, previsible y convencional… si superas sus puntuales desconexiones cerebrales y sabes encaminarla. Por suerte estos problemillas no son demasiado habituales en su naturaleza (pero sonados cuando pasan), y el resto del tiempo su compañía es agradable. Así que hemos follado en el sofá, ambos desnudos de cintura para abajo y con sus senos saltando alegres fuera de su top. Que ambos lleváramos preservativos ha sido una maravillosa coincidencia.

Me encanta su ano. Cuando, después de follarlo, ella se queda unos instantes con el culo en pompa, jadeante, puedo ver esa pequeña entrada al placer abriéndose y cerrándose, como si estuviera aplaudiendo agradecido el gozo experimentado. Hoy, por eso, hemos follado dos veces, la segunda una divertida alteración del misionero (ah, los clásicos) para permitir la entrada por la puerta de atrás, aunque la dama ha complicado un poco el asunto por su inextinguible energía y sus movimientos un poco excesivos cuando la urgencia de correrse la invade y se vuelve más peligrosa que una carga de caballería. Nada que yo no pudiera controlar o redirigir, por suerte. Bendito aire acondicionado.

Lo que llega a alegrar un buen polvo.

Gros bisous,
J.