Esta mañana he tenido una conversación muy ilustrativa con Lady Choni. Ella sigue con su progreso mental, y, aunque sigue siendo rematadamente limitada y sus esfuerzos no van encaminados, precisamente, en ampliar sus limites intelectuales, al menos puedo decir que, en la exploración de su “esencia”, al menos va logrando avanzar. Como mínimo, es capaz de razonar porqué se acuestan con alguien e ir más allá del “porque me lo pide el cuerpo”.

Sin embargo, conversar extensamente con ella sigue siendo una tarea épica, digna de figurar a la misma altura de limpiar los establos de Augias. Por todo ello, tal y como comentaba ayer a mi Dama de los Pies Fríos, será mejor quedar cuando los dos tengamos ganas de diertirnos. Disfrutemos de lo bueno y desdeñemos lo menos agradable.

La Loba
va recuperando su calma y sensatez y vuelve a ser un placer charlar con ella. Sigo notándola celosilla (sus negativas sólo refuerzan esa sensación) y auguro un pronto enfado suyo por Dios sabrá qué. Bien, ya se verá.

Me estoy replanteando qué soy. Nunca he sido amigo de las etiquetas, pero me gusta pensar que puedo definirme de vez en cuando. La clave no es saber que somos, sino ser. Y eso lo tengo clarísimo.

Gros bisous,
J.