Ayer participaré en el gangbang organizado por François (a partir de hoy, Frankie). Estuvo muy bien, mucho mejor de lo que esperaba (temía). El local era muy grande, con tres salas, que cobijaban una considerable humanidad allí dentro: seis chicas, unos cuarenta chicos, dos chicas solas y dos parejas, una de las cuales desapareció al poco de empezar.

Básicamente es una de esas demostraciones de sexo deportivo. Y ese tipo de sexo que, ya lo sabes, querido diario, no va conmigo, aunque, de vez en cuando, no está mal para romper la rutina.

Ayer me lo pasé bien, a diferencia del primer gangbang (este fue el segundo). Mandé todo al cuerno y me concentré en disfrutar. De las seis chicas, estuve con tres de ellas, las que me parecieron más interesantes y deseables. Y fue divertido, la verdad.

El éxito de mi experiencia, tan diferente de la anterior, se basó en que fui absoluta y totalmente egoísta. Me centré en mi placer y me desentendí de lo que hacían el resto de hombres, aunque, de vez en cuando, alguna nota del exterior me llegaba. Me divertí tanto follando como parándome a ver desde fuera, entre descanso y descanso. De esta variedad del sexo me quedo con eso que me gusta tanto, que es ver a una mujer dominando y follando a varios hombres y siendo lo que puede con todos.

En fin, que durante cerca de dos horas me lo pasé muy bien.

Conclusiones: esto, como las orgías y los tríos, que me gustan infinitamente más, lo dejo para contadas ocasiones. Para excepciones, para hacerlo de vez en tanto. Dejar pasar un par de meses entre uno y otro le dará un cierto atractivo, porque, la verdad, los gangbangs no me terminan de interesar, sobre todo por la masificación exagerada y la cosificación de la mujer.

Gros bisous,
J.