Ayer escribí este borrador que quedó olvidado por acontecimientos posteriores:

Una de las primeras lecciones prácticas que aprendí de labios (y nunca mejor dicho) de mi sevillana favorita es que si estamos en “esto” (es decir, en una relación liberal), es para divertirnos y que, si no lo hacemos, no merece la pena. Esa regla, que he aplicado con cierta inflexibilidad en los últimos seis años, me ha servido de mucho, aunque me produce aún cierta pena cuando tengo que aplicarla.

Palabras proféticas.

Hoy he tenido que hacer algo así. No porque no me mereciera la pena, sino porque alguna gente se ha convertido en un riesgo para mi seguridad. Malas compañías, por así decirlo. Así que han dejado de contar con mi confianza. Y si no confío en alguien… bueno, no lo quiero tener cerca. Tan sencillo como eso.

Soy bueno, pero no idiota.

Gros bisous,
J.