De vuelta de mi pequeña escapada parisina, estoy reflexionando sobre la extraña celeridad con la que todo ha tenido lugar hoy. He tenido que acortar un poco mi estancia en Chez Maman, pero ello no me ha impedido conocer a una dama muy interesante, conocida de mon pere noir, que me ha dicho de manera algo espartana, al notar cómo mis cejas se arqueaban al verla, “juega en otra liga”.

Posiblemente, pero no por ello me ha dejado de impresionar lo poco que he llegado a ver de ella. La llamaré Valkyria, por una conversación sobre historia que hemos tenido. Sospecho que no la he impresionado demasiado y que si se enterara de su apodo estaría todavía menos divertida. En fin, no se puede gustar a todo el mundo. Pero la volveré a ver, no me cabe duda de ello, y le voy a gustar tanto que al pensar en mí se mojará entera aunque esté en el desierto. Llámalo una corazonada, querido diario.

Retornado a casa y solventada la cuestión que me ha forzado a retonar un poco antes, he estado tomando algo con mi querida y despendolada rubia, Kerry, que parece haber sentado cabeza y, durante este proceso, se le ha despertado un furor anal considerable. Siente una pasión tal por ser enculada (palabras suyas) que le hace pensar en el sexo anal 48 horas al día (palabras suyas de nuevo). En fin, será cuestión de comprobarlo. También, según asegura, ha mejorado considerablemente sus habilidades orales y, de una mamada puede dejar seco a un elefante (tengo que hacer que mejoren sus metáforas). Otra cosa a comprobar.

Tanto trabajo y tan duro, pero alguien tiene hacerlo.

Gros bisous,
J.