Apenas terminamos de cenar, tuve una de mis ideas gloriosas e intempestivas. “No estoy en plan gilipo… digooooo, existencialista? No era Sarte existencialista? Y el Mayo del 68 qué? Pues nada, ya sabemos lo que toca”. Irme a París. Visita rápida. Así que, aprovechando que unas amigas de Kerry la llamaron para proponerle irse de fiesta, yo, ni corto ni perezoso, llamé a Maman, cruzando los dedos para no pillarla “en materia” y le dije, con mi voz más tierna, que si podía “subir” a verla. Un par de horas después estaba volando en su jet y un rato después achuchándola con gran alegría y vigor mutuo (por su abrazo terminé con el boxer por bufanda, no digo más).

Escupidos del aeropuerto, paseamos por París, haciendo yo fotos cual turista atolondrado, y luego ya pusimos rumbo a las afueras. Por el camino a casa (Chez Maman es la versión modesta del palacio de Versalles), le expliqué qué es lo que me ronda la cabeza. Ella me escuchó en silencio y me dije “o sea, que vienes a reflexionar”. Su expresión era serena, pero un poco preocupada.

-Bueno… y a follar todo lo que pueda.

Su rostro se relajó y exclamó con evidente alivio:

-¡Que susto! Pensaba que te pasaba algo realmente gordo…

Pero, para gordo, lo que tenía entre las piernas, que engordaba al ver su escote. Ah, que le pasan a mis ojos, que siempre están explorando… Así que, tras charlar un poco y follar un poquito más, ella se fue a dormir a las cuatro y tantas, y yo estuve pensando un poco, en porretas, observando las vistas del cielo y pensando que, empieza a desentrañar la madeja, pienso fornicar todo lo que pueda aquí.

Pues eso, que estoy con Maman, de retiro espiritu…, no, de retiro filosof… tampoco. Bueno, que estoy con Maman.

Gros bisous,
J.