Soy incapaz de entender que ha ocurrido. Desde el momento en que la he visto por vez primera he sentido una inexplicable atracción que ha arrasado con todo. Y siento, sin temor a equivocarme, que lo que sea que me ha pasado también le ha sucedido a ella, porque no es normal que esta atracción nos haya hecho entrar en este estado de celo animal que nos ha invadido. Nos hemos pasado las doce últimas horas juntos, salvo por un par, cuando hemos intentado (en mi caso en vano) en intentar dotar de normalidad a este extraño y maravilloso día.

Fallida la misión, hemos regresado para unirnos en el íntimo abrazo que nos pone piel contra piel. Y ahora, mientras la veo quedarse dormida y yo noto como el sueño huye de mis párpados (maldito hijo de puta), me maravillo de todo lo que ha pasado, hasta el punto de haberme saltado una de mis más sacrosantas leyes no escritas de mi decálogo. En fin, podría haber sido peor. Me las podría haber saltado todas. Conozco a dos damas que mañana me van a alegrar el desayuno…

.. y la comida y la cena. Que demonios, me van a estar recordando esto durante los próximos meses. Pero tenía que saltarme esa norma. No podía hacer como en otros casos anteriores, no, esta vez no. ¿Por qué esta vez no? Pues ni puta idea, sinceramente. Ni la más puta idea. Tenía que hacerlo, y ya está. Al menos la jugada ha salido bien y las dos no han fastidiado nada. Pero esta locura no se repetirá AQUÍ. Simplemente, no puedo.

Voy a intentar dormir unas pocas horas, porque me noto que mi cerebro se está deslizando lenta pero inexorablemente hacia la incoherencia. Pero la veo dormida, y está tan guapa que me temo que voy a despertarla por el expeditivo metodo de darle lametazoens en el coño hasta que abra los ojos. Y si falla eso, probaré otra cosa. Pero la despertaré, aunque me toque ir corriendo hasta la muralla china para escapar de su venganza.

Gros bisous,
J.