Ese deseo absurdamente disparado que tengo últimamente se ha salido de madre en compañía de mi perversora. Los dos estábamos recuperándonos de una de nuestras mejores sesiones, estirados ambos en nuestros respectivos rincones sofaneros y con una sonrisa tonta bailando en nuestros labios. Notaba mi frente perlada de sudor y, de repente, me han entrado unas ganas locas de ver (y quien dice ver…) a Kerry.

Así que, tras despedirme de esta dulce diablilla que me lleva por el buen camino, avisé a Kerry de mis intenciones y recibí un más que delicioso “venga!”. Le ha encantado recibirme, pues he llegado francamente encantador a su humilde morada.

Y nos hemos puesto morados en la misma puerta, la verdad. Ahora, mientras garrapateo estas líneas, se me está pasando una idea mientras pienso que podría ver la pizza dando vueltas en el horno de su cocina si no estuviera mirándole el culo a la rubia.

Sonrío.

Gros bisous,
J.