Vuelvo a tener un deseo sexual inclemente e interminable. Por eso, voy a aceptar una oferta que me ha hecho una dama (vía François, que quiere hacerse perdonar todas sus pasadas pifias) y a quitarnos mutuamente las ganas. El sentido común no me ha abandonado del todo y no descarto que, si no hay química durante el café de pre-calentamiento, no iremos a más.

Sigo teniendo como norma comer sólo cuando tengo hambre, y, a la hora de sentarme a la mesa, prefiero comer con cubiertos a hacerlo en un Burger King. Depende del hambre, de las ganas y de los caprichos se hacen excepciones, obviamente. Pero son eso, excepciones.

Gros bisous,
J.