Pues no ha pasado el corte. El café ha sido mortal para ella. Sí, tenía un cierto encanto, una cierta sensualidad y… en resumen, lo que otros cientos de mujeres también tienen, pero nada que la hiciera destacar.

La conversación ha sido insulsa, con una marcada tendencia a derivar hacia el sexo sin más aparente sentido que el de demostrar ella lo “liberal” que es y “todo” lo que ha hecho. Una vez más confundiendo el tocino con la velocidad.

Al final no he tenido ganas ni de enseñarle que ella está al pie de la escalera que yo hace tiempo comencé a subir, y que nos separan varios miles de escalones. Que sea otro el que se ocupe de explicarle la realidad.

Así que hoy me voy a dedicar a planear el finde.

Gros bisous,
J.