Por el momento, la fiesta liberal está en suspenso, más cerca de anularse que de otra cosa aunque, por mi mera tozudería, estoy empeñado en salvarla, a mi manera. Debido a una filtración (tengo un sospechoso), me he levantado con la friolera de veinte mensajes (emails, whatssaps) de desconocidos pidiendo ser incluídos en la fiesta. No conozco a nadie de ellos y, como resultará obvio, me ha sorprendido tal aluvión. Ahora, poco más del mediodía, el número de mensajes se ha elevado a 28.

Decir que estoy sorprendido se queda corto. Que tanta gente desconocida tenga mi email me sabe mal. Que además sea uno que sólo conocen unas pocas personas más. Que encima alguien lo haya filtrado me fastidia. Que de postre ese alguien también les haya proporcionado mi numero de teléfono me irrita. Así que he tenido una trampa para saber quién ha sido el bocazas.

Al menos estoy sacando algo positivo. Una pareja barcelonesa, muy respetuosamente, me ha hecho saber su interés en formar parte del evento. A diferencia de los otros, han mostrado interés no sólo en participar, sino además por conocerme personalmente para que me cerciore de que son de mi agrado y lo que surja, como añaden con un guiño cómplice. Me han caído bien. Así que, si al final algo hay, ya se han ganado una plaza en el futuro evento.

Pero éste queda anulado. Quiero resolver ese problema de seguridad primero. Estoy profundamente consternado y quiero asegurarme de que esto no se repite. Y cuando esté todo en orden, llevaré a cabo esta idea, de otra manera, a otra escala y con más secreto todavía. Podré usar parte de lo que ya llevo montado, así que no hay problema. No se ha perdido nada, salvo un poco de confianza.

Gros bisous,
P.