Anoche, charlando con Anonyma, puse en práctica mi plan de pervertirla. Como ya pasara conmigo, el pervertidor, en este caso yo, cuenta con la plena colaboración de la pervertida. Toda una responsabilidad.

Anoche, como decía, fuimos a cenar. El diablo cojuelo que a veces me ronda me vino de repente a hacer una visita y ella y yo terminamos visitando uno de mis lugares fetiches favoritos del Raval y cenando un poco por ahí, de la manera, sospecho, menos heterodoxa que ella haya cenado nunca. C’est la vie.

Yo sólo pude poner en práctica una mínima parte de mi plan, así que la perversión estuvo en esencia, a falta de otros medios. La dama es terrible, porque, a su vez, intentó pervertirme y alejarme de mi sagrada misión, a saber, intentar alejarla del recto camino marcado por las buenas costumbres. Además, intentó emborracharme para arrancarme un par de secretos. Como no lo logró, porque yo, salvo una copa de vino (clarete!) y agua, nada más( “Nunca había visto a nadie hacer durar tanto una copa de vino”, dijo admirada hacia el final de la velada), malgré tout, tuve que concederle un capricho, vital por otra parte para el final feliz de la velada. Por eso no estoy molesto con ella, porque fue un juego divertido, pero me intrigó que demostrara tanta curiosidad sobre ciertos aspectos de mi vida.

Por eso, tenemos una conversación pendiente. Sin vino ni nada que nos pueda distraer. Tengo curiosidad por su curiosidad. Me gusta lo que veo en ella.

El final de la fiesta tuvo lugar en, según confesó ella misma, en uno de sus lugares favoritos, uno de los hoteles con más nombre de Barcelona y que, hace un par de años, figuró, de manera transversal, en mi vida. Ah, las ironías del destino. Follar con el mar de fondo es una maravilla. Hacerlo con ella, con sus ojos felinos disfrutándome, no tiene precio.

Creo, sin exagerar, que ella es la mejor amante que he tenido hasta la fecha, en todos estos largos años de travesía por el desierto liberal. Sólo, creo, puede haber una mujer mejor que ella, y no corro peligro de salir de dudas. Nunca. Mejor así.

Gros bisous,

P.