Anoche Anonyma y yo nos pasamos la tarde enviándonos mensajes para quedar esa noche, ante la mirada sonriente de mi Dama de los Pies Fríos, involuntario testimonio del ir y venir de nuestros mensajes.

Así nos reunimos para cenar en la habitación del hotel en el que quedamos por primera vez y, mientras cenábamos, hablamos de muchos temas pendientes, de manera que ambos nos hemos podido hacer una vaga idea de como somos cada uno fuera de nuestra pequeño universo liberal.

Luego, cenados, estuvimos disfrutando de nuestra compañía y de nuestras caricias hasta que sobró todo, el vino, las palabras y la ropa y nos encontramos en mitad de la cama para acariciarnos sin prisas, aprendiéndonos nuestros cuerpos con dedos y labios, tan larga y concienzudamente que cuando se acabaron los preeliminares y comenzó el sexo el sueño ya nos rondaba los párpados, de manera que, a eso de las doce, gemido todo lo que nuestras fuerzas podían gemir, le cerramos los ojos al día y nos dormimos juntos.

Y hoy, mientras desayunábamos, mi realidad laboral me ha hecho salir corriendo como un gamo. Nos hemos despedido hasta esta noche, cuando, junto con mi Loba, protagonizaremos los tres un trío que hará historia.

Gros bisous,
J.