Releyendo mi entrada del pasado 13 de mayo por Obra (lujuriosos sean sus actos) y Gracia (sensual sea su voluntad, así en el sofá como en la cama) de mi Señora del Dulce Escote, me doy cuenta de cómo, en apenas diez días, mi opinión sobre mi querida Loba y mi adorada Anonyma han cambiado completamente, de manera que se han cambiado las tornas.

Así, ahora adorada Anonyma ha subvertido el orden y es ella la que me tiene embrujado, y no lo digo por el encuentro de esta mañana. Es algo más sutil e inaprensible que el mero acto físico.

Ello no significa que mi Loba me resulte indiferente, por supuesto. Su vivacidad, su alegría de vivir y su maliciosa imaginación me siguen haciendo estar deseoso de estar cerca de ella. Pero las prioridades han cambiado ahora. El deseo permanece.

De hecho, como le he hecho saber hace un rato, voy a confiarle una misión importantísima que sólo ella puede llevar a cabo y, si la fortuna así lo dispone, poner fin a uno de mis prejuicios más duraderos.

Por supuesto, la dama está encantada con mi idea.

Gros bisous,

J.