Hoy, hasta encontrarme con mi Dama de los Pies Fríos, mi lunes ha sido una sucesión de momentos absurdos, rozando lo surrealista. Gente del pasado que no sabe irse, gente del presente que no sabe estar y yo con mi espíritu facilón y esa peculiar alta de criterio mía de la que adolezco a veces en presencia de una melena rubia.

Bueno. Los hombres, y yo el primero, corremos detrás de toda mujer que se nos ponga a tiro, merezca o no la pena. Vemos un culo o unas tetas y nos lanzamos al ataque. En mi caso, hoy, una melena rubia y una sonrisa pícara.

O una coleta y unas gafas bien puestas. O unos vaqueros.

Tengo que aprender a luchar con eso. Hoy he podido morderme la lengua una vez y fallado en treinta ocasiones. No puedo dejar de ser yo. No puedo conseguir que me importen unas reglas sociales de las que prescindo olímpicamente. Pero hay personas de mi entorno, a las que adoro devotamente, y a las que sí les importan. Por ellas, haré ese esfuerzo, al menos cuando estén conmigo. Por ellas lo haré.

Mi Loba quiere quedar mañana. Siente una urgencia inaplazable, así que no la haré sufrir. Mañana será el día.

Hoy he conocido a una dama, libre pero no liberal, que ha flirteado abiertamente conmigo. Me temo que tendré que decirle que no si vuelve a ponerse contacto conmigo. Llámalo impulso, querido diario, llámalo súbita explosión de sentido común o mera influencia de la sensata Dama de los Pies Fríos.

Lo que me lleva al otro tema. Me dejo llevar por impulsos, y ya es la segunda vez en dos semanas. Toca ponerse serio conmigo mismo. Y ya mismo. Tan malo es actuar impulsivamente como retrasarlo todo y dejarlo suspendido en el vacío. Ambas cosas hartan igual.

Gros bisous,
J.