Ayer conocí a una británica liberal mediante una peculiar trampa de Lady J. Hubo feeling, buenas vibraciones y, expertos ambos en estas lides tardamos poco en ponernos de acuerdo y acabamos en un hotel, follando. Y he ahí el dilema, porque la dama, una vez en la cama… está bien, pero no me genera una corriente de adrenalina. La excitación queda contenida dentro de los límites de la cama, fuera… no.

Por la noche, tras pasar una velada magnifica con mi Dama de los Pies Fríos (una vez más se me olvidó decirle algo), fui a la cita que habíamos concertado mi Loba y yo. Agradecido estoy a que mi forma física esté tan a punto, a pesar de mi mal cuerpo de baile, porque dos citas y estar a la altura de mis parejas no es fácil.

Y voilà la différence… Ya estando en camino, cuando la brisa disipó los efluvios vaporosos con los que mi Dama de los Pies Fríos me encadena a sus párpados, la mera idea de ver a mi Loba me provocó un escalofrío de placer, una sutil descarga de adrenalina que se adelantaba al encuentro. Por contra, camino del hotel con la dama de la mañana, era el morbo lo que me estimulaba, poco más. La excitación no estalló hasta verla desnuda.

Pero mi Loba me provoca estar constantemente excitado en cuanto ella asoma por el horizonte. Y Anonyma igual, aunque, lógicamente no al nivel de la primera. La diferencia que marca cuánto hace que conozco a una y a otra. Las dos, sin lugar a dudas son tremendas, fascinantes.

Anoche mi Loba me hizo trizas, me reconstruyó y volvió devorarme. Cuando su cabello caía por su cara mientras me montaba y apretaba mis manos contra su pecho; cuando puso sus piernas sobre mis hombros para tenerme más adentro y, de esa manera, marcar también el ritmo; o a cuatro patas, excitándome con su repertorio de sublimes obscenidades… me extasió en todo momento.

Prueba de ello es que apenas he dormido seis horas, pues el recuerdo de ella me ha despertado hambriento de más.

Gros bisous,
P.