Una vez una mujer, a modo de maldición gitana de despedida, me dijo “tendrás a todas las mujeres que quieras, menos a mí”. A pesar de lo irritado que yo estaba por la situación (fue una de esas rupturas idiotas ajenas a mi voluntad y a mis actos), me hizo gracia la afirmación. ¿A todas las que quiera, menos a ella? Trato hecho.

Reflexionado sobre mi situación actual, con mi Loba y Anonyma fijadas en mi agenda y en mi piel y con Kerry recuperada como amiga, me considero servido y afortunado. Súmese a ello los mimos gálicos de Maman y de N. (la mitad femenina de N. y P), las sesiones de perversión con mi Dama de los Pies Fríos (que me enloquece cuerdamente, y no hay shibari de por medio) y un par más de proyectos y se puede decir que tengo el cupo completo.

Eso sí, en esta ennumeración de damas se nota la ausencia de mi dama sureña favorita, a la que recupero aquí. Mi sueño andaluz anda metida en problemas personas y necesita tiempo para reparar destrozos y desanudar nudos gordianos que se han creado a su pesar. Bien, cuando vuelva a estar bien, aquí me tendrá. Por ella espero lo que haga falta.

Además, compañía no me falta y sabré amenizarme la espera.

Gros bisous,
J.