Hoy he tenido el encuentro con Anoynima, la mujer de la que hablaba ayer y, a partir de hoy, me referiré a ella de esta manera. Ha sido fantástico y delicioso. Me ha sorprendido el lugar del encuentro, en su casa, como me ha comentado a mediados del vendaval sexual, en un descanso. Esto, junto con la celeridad con la que acordamos esta cita y el deseo que percibo en ella, (y que además de lo que me demuestra con total desparpajo), me hace sentir orgulloso y un poco sorprendido de haber despertado en ella tanto interés y deseo. Yo, por mi parte, me confieso completamente fascinado por ella.

En la cama me ha dejado casi al borde del agotamiento con un tremendo despliegue de habilidad, creatividad y lujuria, y me ha puesto frenético y me ha relajado con las mismas caricias, besos y palabras. Anoynima combina controlarlo todo y dejarse llevar, el sexo duro y las caricias tiernas, la lujuria y la inocencia. Me tiene fascinado por completo. Su cuerpazo, a pesar de las pegas que le ha puesto, me ha dejado completamente sin palabras. Su ingenio y su hambre de placer y de sexo me han extasiado. Es un espectáculo de la naturaleza, por delante y por detrás.

Tiene una grandísima experiencia liberal, un bagaje impresionante. Como con mi Dama de los Pies Fríos, cuando charlábamos los dos, más de una vez me he quedado escuchándola como un niño.

Que esta diosa se haya fijado en tan humilde (bueno, tampoco nos pasemos…) mortal me llena de júbilo y me maravilla.

Gros bisous,
J.