La de ayer fue una fiesta extraña, fantasmal, perversamente excitante y divertida. Maman me permitió algunos pequeños excesos que a ella no le gustan y yo, a cambio, le concedí otros pequeños caprichos que, salvo a ella, a nadie más le permitiría. Bueno, a mi Dama de los Pies Fríos sí. Algunos de ellos, al menos.

Eso marcó el comienzo de un juego entre ella y yo, que adquirió un tono perverso cuando dejamos fuera de él a los demás, sin pretensión alguna por parte nuestra de disimularlo. El juego era así. Mon père se lo tomó con filosofía, pero, a medida que nuestro juego alcanzó pequeñas cotas de perversidad un poco cruel, se enfadó un poco. Maman no aflojó, a pesar de todo, y yo estaba demasiado inmerso en el juego para preocuparme. Por fortuna, todo acabó bien, aunque la dama se metió demasiado en el papel y sus azotes fueron considerablemente fuertes.

El punto culminante de este juego ha sido cuando nos hemos intercambiado deseos. Yo le podía pedir dos a ella y ella dos a mí. Ella ha pedido primero: Que todo lo que viniera después de ese deseo, quedara en secreto entre los dos. Y hasta aquí puedo contar.

Lo único que puedo decir es que su segundo secreto va a ser complicado de realizar y sólo por eso, me encanta estar metido en este lío. Sólo puedo salir de él con una palabra clave o hasta que se cumpla el plazo. Oh, lo que voy a disfrutar…

Gros bisous,
J.